De Venezuela a Francia

Salí de Venezuela con destino a Aruba acompañada de una maleta de cabina con mi ropa y un bolso lleno de papeles, libros y comida para el viaje. En un bolsillo traía el dinero para comprar el pasaje en Aruba con destino a Francia, era la ruta más larga, las más improvisada pero la única que podía pagar. La despedida de mi familia fue corta pero sentí que un pedacito de mi corazón se quedaba con ellos.



Llegue al aeropuerto de Aruba cerca del mediodía para encontrarme con que la agencia que vendía el pasaje estaba cerrada, sólo podía reservar o comprar en línea para lo que necesitaba una tarjeta de crédito con dólares, la cual yo no tenia, por lo que tuve que pedir a la familia que me recibiría en Francia que comprara el pasaje con la promesa de pagarlo al llegar, ellos aceptaron y mientras esperaba el boleto contaba los minutos para el próximo vuelo con destino a Francia sólo para darme cuenta que sería imposible abordarlo... Si, el vuelo sería al día siguiente, así que a las 6 de la tarde buscaba un transporte para llegar a una pequeña posada, la más barata que mi hermana me encontró en Internet y que incluía el desayuno para ahorrar gastos, tome un taxi sin saber si encontraría o no una habitación y salí del aeropuerto.




Al llegar me encontré con un señor muy amable, alegre de recibirme, me dio algunos consejos para mi salida del día siguiente y me anoto en la lista de desayunos y taxis prioritarios de la mañana. Al entrar a la habitacion me di cuenta de lo cansada que estaba y del hambre que tenía, tome una ducha y cene la comida que mi mamá había hecho para mi. Avise a todos que estaba bien y en medio de reflexiones y una mezcla de emociones me dormí.




En la mañana me aliste, desayune y salí en un taxi camino al aeropuerto, el taxista me dio un paseo rapidamente por la isla porque se negaba a dejarme ir sin que conociera la belleza de Aruba. Ya en el aeropuerto imprimí mi boleto electrónico y embarque mi maleta, (si, la pequeña maleta de cabina hizo embarque para mi comodidad) escribí una vez más a mi familia, les envié la foto de mis pasajes y compre algunos recuerdos para ellos mientras esperaba el avión; después de 24 horas de incertidumbre, por fin abordé mi vuelo.


Salí con destino a Curaçao donde no conocí más que el aeropuerto, pase las horas mirando los aviones despegar y casi perdí mi conexión porque olvidaron poner el aviso de embarque. Debo confesar que temo a las alturas y que este vuelo era el que más me preocupaba, unas 10 horas. 

No pude dormir en el avión, pero conseguí entretenerme. Al dia siguiente, ya después del desayuno estaba impaciente por llegar a Holanda, mi telefono ya no tenia bateria, mi familia no sabía nada de mi y comenzaba a temer que la familia de acogida no llegara a buscarme. En medio de mis dudas aterrice en Ámsterdam, atravesé todo el aeropuerto tipo maratón para no perder mi última conexión hacia Bordeaux y tres oficiales de inmigración después estaba en la puerta de embarque.

A las 9 de la mañana, dos días después de salir de Venezuela, por fin estaba en Francia y todo parecía un sueño, que se transformó rápidamente en pánico porque mi maleta tardó demasiado en aparecer y pensé que la habían perdido. Además no lograba ver a través del vidrio que me separaba de la sala de espera si la familia me estaba esperando o no, pero allí estaban...

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